Donald Trump volvió a meter presión para que Apple y Samsung fabriquen sus smartphones en Estados Unidos. Pero esta no es una idea nueva: Motorola ya intentó esa jugada hace años… y no salió como esperaban.
En 2013, Motorola apostó fuerte y lanzó su Moto X con el lema “Made in the USA”, ensamblado en Fort Worth, Texas, buscando conquistar a los consumidores patrióticos. Sin embargo, la historia terminó mal: solo vendieron unas 500,000 unidades en el tercer trimestre, y menos de un año después cerraron la fábrica. Los altos costos, una cadena de suministro fragmentada y la falta de mano de obra especializada fueron un golpe demoledor.
Dennis Woodside, quien dirigía Motorola entonces, compartió lecciones que siguen siendo válidas hoy: fabricar en EE. UU. requiere una propuesta atractiva para los empleados, automatización inteligente y considerar todos los factores económicos para mantener la competitividad. No es solo cuestión técnica: hay que entrenar a miles de trabajadores en habilidades súper especializadas, montar componentes diminutos como piezas de Lego… algo que no todos están dispuestos a hacer.
La presión volvió porque Trump amenazó con imponer tarifas del 25% a los móviles importados desde China a partir del 12 de agosto, y también a los provenientes de India desde el 7 de agosto si no se fabrican en territorio doméstico. Esto da nueva relevancia al intento fallido de Motorola, que sirve como un laboratorio real de lo que sucede al tratar de traer la producción de vuelta a EE. UU.
Por otro lado, datos de Canalys muestran que en el segundo trimestre de 2025 la cuota de smartphones ensamblados en China cayó del 61% al 25%, mientras que India creció un 240%. India ahora es el mayor exportador de teléfonos al mercado estadounidense, en un mercado que apenas creció un 1%. Apple cayó 11% en envíos, mientras Samsung subió un 38%.
¿Qué significa todo esto? Que aunque la idea de fabricar en EE. UU. encante a Trump y a cierto público, en la práctica es un rompecabezas lleno de complicaciones: altos costos laborales, necesidad de habilidades técnicas y una red de proveedores integrada que no tienes si no estás en Asia o India. Motorola ofreció justo la advertencia de qué pasa si subestimas ese combo en tu plan de negocios.
Honestamente, esta historia me deja pensando que si queremos traer la producción de smartphones a EE. UU., hay que invertir mucho más que en instalaciones: hay que invertir en gente, capacitación, eficiencia y en tener una oferta atractiva tanto para empleados como para consumidores. Porque sin eso, la promesa del “Made in the USA” podría quedarse solo en una promesa que no se cumple.
Referencias
- Why Motorola’s US Smartphone Manufacturing Failed in 2013
- US smartphone market sluggish growth as India-made phones surge
