Hemos visto en estos últimos días muchos avances tecnológicos, y todos ellos van orientados a lo mismo: a que el usuario final tenga una experiencia de uso lo más cómoda y sencilla posible. En pocas palabras, convertir lo que ya tenemos en “usable”, y mejorarlo para que el consumidor sólo tenga que disfrutarlo. No es de extrañar que este sea el enfoque, si ponemos atención a lo que suele triunfar: jugar a la ruleta online en la app de William Hill es una práctica cada vez más habitual, lo mismo que en su día fue Flappy Bird y que desde hace unos días lo es Super Mario Run. ¿Cuál es el factor común en todos los casos? Experiencia simple, inmediatez y una interfaz sin complicaciones.

La app de William Hill permite jugar de manera gratuita a más de 40 títulos variados con o sin registro en su sistema. Sin embargo para jugar dinero real sí debemos estar registrados puesto que para las operaciones con efectivo sí extreman el cifrado de datos para evitar el robo de información sensible. Aún así, una vez iniciada la sesión, la experiencia de depósito y retirada de premios es especialmente intuitiva. Además, como Super Mario Run o Candy Crush Saga, otro gran éxito para smartphones, cuenta con la ventaja de guardar todo el progreso del juego en internet y por tanto poder acceder también desde el ordenador u otro terminal utilizando el mismo usuario y contraseña.

Por supuesto, el hecho de que estos juegos tengan reglas muy sencillas también los convierte en excelentes compañeros para momentos en que al usuario sólo le interesa desconectar. Juegos rápidos, que no requieren reflexionar como sucede en los juegos de rol, o que tampoco precisan de unos dedos extremadamente ágiles para realizar combinaciones imposibles de comandos para cruzar de un lado a otro de un escenario. Se trata, meramente, de entretenimiento lineal, que es lo que, la mayor parte del tiempo, buscan hoy día las personas con poco tiempo y vidas relativamente estresadas. Así, el modelo se repite año tras año, con altas y bajas en el top 10, y algunos que se mantienen, como es el mencionado caso de los juegos de la casa británica.

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